El objeto mirada en el fantasma

Por: Gloria Irina Castañeda

Producto de cartel

El objeto a es uno de los conceptos más importantes del psicoanálisis construido por Lacan, y nombrado así en el seminario La angustia.  El objeto a es ese resto de la operación significante, goce evacuado como agujero y retorno del goce como plus, como intento de recuperación y su fracaso da lugar a la repetición a la que se encadena el sujeto en la monotonía del fantasma.

En palabras de Graciela Brodsky, el objeto a es un goce resto, es lo que queda, es lo que entorpece por ejemplo, el funcionamiento aceitado de la máquina significante, es como cuando se tiene un engranaje  y se le mete una piedrita, entonces, el engranaje se traba, el goce del objeto a es lo que traba la máquina significante[1].  La máquina simbólica tritura lo real y deja un resto, ese resto es lo que queda como lo imposible de ser capturado por lo simbólico. Lo simbólico crea lo real[i].

En el seminario La angustia Lacan pluraliza el objeto a recortándolo de los orificios del cuerpo y lo plantea en términos de “Las cinco formas del objeto a” que detalla como pedazos del cuerpo, como el producto de un cuerpo fragmentado: objetos encarnados en el cuerpo que responden a una estructura en común, estructura de borde.  De acuerdo a Miller[2], en este seminario es donde se ve muy claramente los objetos a capturados por Lacan en el cuerpo mismo y no como una formulación lógica. La lista de los objetos a, está hecha de los tres objetos freudianos: el objeto oral, el objeto anal, el objeto fálico y los dos objetos lacanianos: el objeto escópico, y el objeto vocal.  Según Laurent[3], la novedad en este seminario es que Lacan ya no habla de la angustia de castración sino de la angustia de la separación o corte del objeto pulsional respecto del cuerpo.  Por ejemplo las heces caían del cuerpo, que el pecho era quitado de la boca, más aún, el punto de angustia está en la madre, en la falta de la madre, es la angustia del agotamiento del pecho.

Es necesario apuntar aquí con respecto al objeto escopico un pequeño vaivén entre el ojo y la mirada, puesto que, es la función del ojo la que es privilegiada en el seminario La angustia, mientras que en el seminario XI es el objeto mirada aquel que es destacado como objeto inmanente de la pulsión escópica. En Lacan esto comporta una crítica al estadio del espejo, en tanto que el valor de la mirada, como el de la voz, se hallan recubiertos por la relación especular, y si Lacan ha vuelto a esto tan a menudo de acuerdo a Miller[4], en una especie de predilección por lo escópico, es precisamente porque ve allí, la relación más engañosa del sujeto en cuanto al objeto a, que se halla como desaparecido, eclipsado en la visión, de tal manera que el sujeto desconoce más que nunca, lo que él pierde en lo que él cree ser contemplación. Es el campo que podría olvidar la castración y es también un campo desangustiante, pacificador, el objeto mirada imperceptible Lacan lo ejemplifica como la ventana, que es lo que permite ver, pero que no se ve a sí misma.

Y es que a nivel especular impera la gestal de la buena forma, una imagen ilusoria con la que se oculta el resto desconocido e irreductible, el objeto a, dice Lacan, por la forma i(a ),  mi presencia, mi imagen, mi presencia en el Otro carece de resto, no puedo ver allí lo que pierdo, cero a, es así como el deseo visual enmascara a veces la angustia de lo que  falta, falta la falta (angustia), el objeto a es lo que falta, es no especular, no se puede aprehender en la imagen, entonces, lo que la imagen especular esconde, lo que la buena forma oculta es el ojo que mira desde todas partes bajo la universalidad del ver, y que en la psicosis se presentifica en el delirio de ser observados: “ me miran”.

Mirada del Otro, como por ejemplo, en el Estadio del Espejo[5], donde la mirada es una mirada de afuera que otorga al sujeto tener un cuerpo, el sujeto tiene que realizar ese gesto que Lacan subrayó, girar la cabeza para mirar la mirada del padre o de la madre que autoriza al niño reconocer su imagen como propia.

¿Qué es la mirada?

 “Algo se desliza, siempre en algún grado eludido, eso se llama la mirada.” La mirada se define como algo que no atañe al órgano ojo y, a su vez, como una ausencia, objeto de la falta y causa del deseo. El objeto misterioso, el objeto más escondido, el de la pulsión escópica”. Es decir que la mirada no se ve, porque no contiene imágenes que la represente, y acá se instaura la pérdida (Lacan, Seminario XI).

En el seminario La angustia, el ojo se presenta con una particularidad, a saber, ser un órgano siempre doble que funciona dependiendo de un quiasma, del entrecruzamiento parcial de las fibras ópticas de los nervios que vienen de un ojo con las fibras del nervio óptico que viene del otro ojo. Ello hace que el ojo funcione como una especie de espejo, el ojo organiza el mundo como un espacio, refleja aquello que en el espejo son reflejos infinitos y es precisamente en ese campo donde se recrea la mascarada de la imagen, la apariencia que usurpa o vela el objeto de goce, que se halla como eclipsado, elidido, desaparecido en la visión.

A nivel de la pulsión el objeto es la mirada, el corte, la esquizia[6] se produce entre el ojo y la mirada. Y es que el ojo, la visión nos remite a un campo visual sin goce, donde los ojos cumplen una función para la percepción de ese campo visual, mientras que la mirada implica realidad y goce; ello significa que la pulsión hace presencia en el campo escópico. Freud en 1910, sitúa esta separación entre ojo y mirada, y es así que dirá: “el placer sexual no se anuda meramente a la función de los genitales; la boca sirve para la acción de comer y de la comunicación lingüística, pero también para besar. Los ojos no solo perciben las alteraciones del mundo exterior, importante para la conservación de la vida, sino también las propiedades de los objetos por medio de los cuales estos son elevados a la condición de objetos de la elección amorosa: “sus encantos”[7]. 

Entonces, la mirada es así lo que se pierde en la visión. La mirada es inaccesible en la imagen. La mirada es aquello que falta en la imagen, es objeto a en la imagen. Esa falta, esa elisión de la mirada en la visión es sin embargo la esencia de la visión: Contemplo el parque por la ventana. La visión ante mis ojos me muestra los árboles, el lago, la gente que camina. ¿Qué queda elidido en esa visión?, la mirada. Pero es precisamente la mirada, en tanto falta, la causa de la visión. Sin esa mirada, la imagen sería otra, y ese dato es un dato ausente en la visión. La mirada como objeto faltante constituye el campo escópico.

Por ejemplo, el comentario que Lacan hace de la mirada de Beatrice, poetizada por Dante en la Divina Comedia es el ejemplo clásico de este tema libidinal. Recordemos que Dante a los 9 años se enamora de una niña de su edad, Beatrice. A ese fugaz encuentro le sucede otro, nueve años más tarde, segundo y último, pues Beatrice muere a los 25 años. Dante dirá: “Su mirada es tan pura que ilumina a quién mira”[8].  A lo que Lacan interpretará en «Televisión como: «Una mirada, la de Beatriz, o sea menos que nada, un parpadeo y el desperdicio que de eso resulta: […] de ella no puede tener más que esa mirada, que ese objeto, pero de la que nos enuncia que Dios la colma»[9]

Entonces, la mirada va más allá de la visión, tiene que ver con una implicancia del sujeto y el goce, es como una parte invisible al ojo, es saber cómo goza el sujeto con el objeto pulsional. Cuando nos referimos a ver, estamos hablando de una función del yo, es lo que el yo ve, reconoce y a la vez desconoce. Y es que el yo tal como lo demuestra Freud en su segunda tópica de 1923 es un lugar de desconocimiento, es decir, gran parte del accionar del yo es inconsciente, por eso, hay una parte del yo que se escapa al conocimiento del yo. Con esta nueva mirada nos encontramos con un sujeto dividido, lo cual descentra y desunifica al sujeto de la consciencia, a la vez que refuerza la presencia de lo inconsciente.

En cambio la mirada surge y se consume como acto a partir del campo del Otro, nos capta como imagen y nos toma. Ya no parte del yo, sino que lo sorprende. La mirada viene a corromper el fondo imaginario de la visión yoica.
Esto es lo que Lacan se refiere cuando habla de la esquizia entre la mirada y el ojo. Pasar del espejo a lo real, a lo que está más allá del espejo, a lo que está más allá de la buena imagen ideal.

Vemos entonces, que la mirada transita por otro terreno, entonces, si la mirada es el envés de la conciencia como intentar imaginarla? Lacan cita a Sartre para dar respuesta a esta pregunta, pues nos dice que es posible dar cuerpo a la mirada.

En el ser y la nada, Sartre en uno de sus pasajes hace intervenir su función en la dimensión de la existencia de los otros. La mirada, tal como la concibe Sartre, es la mirada que sorprende y reduce al sujeto a la vergüenza. En el seminario XI, Lacan[10] se divorcia de la idea sostenida por Sartre, ya que dice que la mirada no proviene del exterior y que no tiene que ver con ser mirado-visto por otro, sino que es una mirada imaginada que proviene del campo del Otro. Y por otra parte, que no es la mirada la encargada de organizar la percepción, sino que al contrario, la desorganiza.

Nos dice Lacan que ello se ve precisamente en la escena donde se relata unos pasos en el corredor que sorprenden al sujeto, ¿cuándo?- en el momento preciso en que él mismo estaba mirando por el agujero de una cerradura. Una mirada lo sorprende haciendo de mirón, lo desconcierta, lo hace zozobrar y lo reduce a un sentimiento de vergüenza. En esta escena nos dice Lacan, no está la mirada como algo que atañe al órgano de la vista. Entonces, lo que nos mira nunca son ojos, sino una presencia del otro imaginada.

Igualmente, en el seminario XI, Lacan[11] aborda la cuestión del objeto mirada en su análisis del cuadro de “Los embajadores” de Holbein. Nos dice que en la parte inferior se vislumbra, debajo de los dos embajadores una mancha amorfa. Sólo cuando el visitante abandona la sala de exposición donde está expuesta la obra, y desde la puerta le dirige una última mirada lateral, ve los contornos de una calavera. En ese momento se le revela el verdadero significado de la pintura: la vanidad de los bienes terrestres, de los objetos de arte y los instrumentos del conocimiento reproducidos en el resto de la tela. La calavera refleja nuestra propia nada. La mancha es el detalle que “no concuerda”, que sobresale de la escena bella y pura y que la echa a perder, haciéndola ominosa.

Testimonio de pase

Termino este trabajo con un recorte del primer testimonio de Pase de Jorge Assef[12] , alrededor del objeto oral y mirada  sobre el cual se organizó su programa de goce y los modos de arreglo bajo la forma de su sinthome. 

Uno de sus principales modos de sufrimiento en su vida provenía de sus relaciones amorosas. Y es que él como condición de amor escogía parejas que siempre vivían lejos, en otras ciudades, los separaba la distancia, que padecía como un destino maldito: enamorarse siempre de aquel que se estaba yendo, y cuya marca lo constituía fuertes abrazos  de cada despedida, y mucho llanto.  Además, de las muchas exigencias o demandas de signos de amor que hacía a sus parejas como garantía, que lo mostraban muy intenso en el amor. Interrogando la cuestión un día la analista le pregunta sobre el recuerdo más antiguo que tenía al respecto, y relató cómo a los tres años, se encontraba con sus padres en una plaza, su madre de pronto desapareció y su padre entra a la Catedral que está en frente a buscarla, lo lleva en brazos, recorre el lugar, pero no la encuentra, el niño lo percibe inquieto y de repente se encuentra con unos enormes ojos negros de una mujer que le mira fijamente, se asusta y llorando se agarra de su padre, abrazando su cuello. Este temprano recuerdo inaugura una primera escena traumática.

Jorge Assef, dice  que la mirada del otro había sido frecuentemente un tema en su análisis, mirada que se volvía persecutoria  y siempre incómoda, a tal punto que fueron muchas las formas o señuelos que ideo para desviar la mirada del otro, y entre los más efectivos estuvo el uso que hacía de la vestimenta. Él tiene una pesadilla que le indica que lo más perturbador de la mirada aparecía en el punto donde lo escópico se articulaba con el objeto oral, que era el objeto que regía su fantasma. En la pesadilla, él se encuentra con su pareja, que lo abraza por la cintura, pero con una de sus manos agarra cada vez más fuerte el costado de su cuerpo haciendo mucha presión. Su pareja lo mira fijamente con sus ojos celestes mientras él llora de dolor y de pronto le acerca su rostro a la cara y en ese momento sus ojos color celeste se tornan negros, grita desesperadamente, todo se funde de negro y se despierta gritando: “ me quiere comer el hígado”.

Días después advierte que en verdad lo que hizo que se despertara no era tanto el dolor que sentía, sino el momento en que se daba cuenta que los ojos celestes eran en verdad negros, entonces, ¡eran en verdad sus propios ojos!. Así las cosas, la pesadilla solo hablaba de él, y allí estaba el máximo punto de horror. Entonces, el circuito pulsional articulaba claramente el abrazo y la voracidad, de tal modo que el significante que el inconsciente produjo una vez en análisis fue garrapata. Así descubrió que el “osito cariñoso que él creía ser, escondía ese parasito repugnante que se adhiere al otro para devorarlo, como una garrapata.

Estuvo impactado por semanas, pero muy contento de por fin entender “el culebrón de desengaños amorosos del que se había padecido toda su vida”. Fue así como el significante garrapata se constituyó como el nombre de su síntoma

Develar la lógica del fantasma posibilitó articular el goce al deseo, fantasma cuyo guion versaba sobre: “agarrarse del otro” y el síntoma garrapata delineaba una dinámica pulsional ordenada por el objeto oral y cuyas conjugaciones gramaticales: “agarrarse”, “hacerse agarrar”, “soltarse”, “no dejarse agarrar. La solución sinthomatica se logró por la vía de la extracción del pathos de la garra-pata, luego de la interpretación de un precioso sueño, en el cual de las ramas de un árbol ve moverse y asomarse un pato, que se lanza y zambulle en una fuente de agua, captando su atención y causándole mucha risa. Luego de un rato vuelve al árbol y sube a la rama más alta, Assef piensa: ¡¡¡Claro es para que no lo agarren!!!  Y ahora se despejaba un nuevo arreglo, un nuevo uso de su síntoma, a través del nombre del sinthome: la garra, la cual se sintoniza con una interpretación de la analista años atrás cuando apretando su puño frente a su cara le dice: eso es muy tuyo.

Referencias

Freud, S. (1910). La perturbación psicógena de la visión según el psicoanálisis En Obras Completas, Tomo XI, Amorrortu Editores. Buenos Aires, 2006. Pág. 213

Lacan, J. (2005). El estadio del espejo como formador de la función del yo [je] tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica. Escritos (Vol. 1). (Dictado originalmente en 1948). Buenos Aires: Editorial Paidós

Lacan, J., El Seminario, Libro 10, La angustia. Buenos Aires, Editorial Paidós, 2007, pp. 231-289.

Lacan, J. (1964). El seminario 11, Los cuatro conceptos fundamentales. Editorial Paidós: Buenos Aires,  pp. 91-

Miller, .A. (2003). Nota sobre la vergüenza. Revista Psicoanalítica Freudiana Número 39. Barcelona, Ediciones Paidós.

Miller, J.A.,” Los objetos a en la experiencia analítica”, https://www.sauval.com/angustia/e-miller.htm [1] Presentación hecha en Roma el 15 de julio del 2006, del tema del próximo Congreso de la AMP.

Laurent, E. (2018). ” El uno solo”, Revista Freudiana, ELP, Catalunya, N°83, pp. 73-88

Sartre, J.P. (1984). “El ser y la Nada”. Alianza Editorial Losada: Madrid,  p.289.

Assef, J. (2021). 1 testimonio de pase. “Bitácora Lacaniana No:10, revista de psicoanálisis de la Nueva Escuela Lacaniana-NEL. Grama ediciones: Buenos Aires. pp. 248-260

Cuadro Los embajadores de Hans Holbein


[1] Es como en los grandes hornos de la producción donde se procesa el hierro, de eso hay un resto, y con ese resto hay toda una problemática de qué hacer con los restos, y efectivamente, el desecho se resta, se tiran al rio, no se desechan, se cambian de lugar, quedan en los ríos, ejemplo, bolsas de plásticos ¿cuánto tiempo duran en el mar?, el resto no se reabsorba tan fácilmente, con esa idea Lacan pensó el objeto a

[2] “Miller, J.A.,” Los objetos a en la experiencia analítica”, https://www.sauval.com/angustia/e-miller.htm

[3] Laurent, E. El uno solo”, Revista Freudiana, 2018, ELP, Catalunya, N°83, pp. 73-88

[4] Miller, J.A.,” Los objetos a en la experiencia analítica”, https://www.sauval.com/angustia/e-miller.htm

[5] Laurent, E. (2018). ” El uno solo”, Revista Freudiana, ELP, Catalunya, N°83, pp. 73-88

[6] La separación que Lacan llama esquizia del ojo y la mirada.

[7] Freud, S. (1.923) La perturbación psicógena de la visión según el psicoanálisis (1910). En Obras Completas

Tomo XI, Amorrortu Editores. Buenos Aires, 2006. Pág. 213

[8] Alighieri, D., op. cit., Canto II, en el libro escrito en latín: Ecce deus fortior me, veniens dominabitur mihi.

[9] Lacan, J., Psicoanálisis Radiofonía & Televisión, Anagrama, España, 1977, p. 108

[10] Lacan, J. (1964). El seminario 11, Los cuatro conceptos fundamentales. Editorial Paidós: Buenos Aires,  pp. 91

[11] Lacan, J. (1964). El seminario 11, Los cuatro conceptos fundamentales. Editorial Paidós: Buenos Aires, pp. 100

[12] Revista Bitácora Lacaniana No: 10. Recomenzar. Nueva Escuela Lacaniana. 3 de octubre 2021


[i] Así las cosas, para entender esta nueva lógica, se requiere pensar originariamente en la formación o vínculo entre A (Lenguaje)  y S (Sujeto).  Entendiendo el A como tesoro de los significantes, como un Otro originario, completo, y el S, como un sujeto no existente.  Lacan nos presenta un esquema para explicar este vínculo, si se llegase a dar que permitiría  la pregunta de ¿qué soy para el Otro?, pues se requiere necesariamente del rodeo por el campo del Otro, por el desfiladero de los significantes donde circula el deseo, es decir, para que un sujeto se configure debe pasar o si o si, por el campo simbólico, de allí se deprende la pregunta: ¿ cómo hago para caber en el campo del Otro?, Lacan nos dice que el S no cabe todo en el Otro, que da cuenta que el lenguaje es insuficiente para representar o nombrar la experiencia humana, que también quiere decir, que el Otro no es capaz de nombrar o nominar todo del Sujeto (S). Para que el sujeto se constituya como sujeto necesariamente habrá de agarrar cosas del Otro, pero no puede agarrar todo. En todo caso, se devela la imposibilidad de que A nombre todo.  Como no cabe todo en el Otro, queda algo por fuera, y a eso Lacan lo nombra como objeto a, lo imposible de significatizar o nominar, hay algo a lo cual cuesta ponerle palabras a pesar de querer ponérselas, y siempre queda la experiencia de no poder nombrar todo, y a eso que queda por fuera Lacan lo llama objeto a.  Para pasar por el campo del Otro, que en las operaciones constitutivas del seminario XI  Lacan lo explica muy bien, se necesita ceder el objeto, consentir a ser alojado en la palabra del otro, extracción del objeto, como el sujeto no cabe todo en el Otro, toca dejar algo por fuera. A eso Lacan llama, operación de separación.

A                      S

_____            ________

Stachado       ATACHADO

a

El paso por el campo del Otro, del deslizadero de los significantes comporta una pérdida, un corte, significa ceder el objeto y hacer el rodeo por el campo del lenguaje, ello implica que lo que miro no es lo real, miro dando la vuelta por el campo del Otro, miro dando la vuelta por la mirada del Otro que tiene, lo simbólico y lo imaginario pone un velo a lo real y así me permite mirar al otro, de lo contrario la mirada es invasiva, que sucede con el autista que no cede el objeto.

Ceder el objeto, es consentir a realizar el recorrido por el campo del Otro, miro con el velo simbólico del Otro, con la mirada de la cultura, con la mirada de la familia. Se trataría entonces, de entender o discernir o dilucidar por cual Otro hice el rodeo para construir mi mirada, cuál es ese otro con el cual construí mi realidad.

El corte, es la castración, la tachadura del A, el no todo.