Las invenciones de “pase-o” con su síntoma
Por: Irene Rosero
Delirando con la existencia de la normalidad humana, empecé hace unos años a buscar tecnicismos en la disfuncionalidad subjetiva. Por suerte, me encontré con Freud y su obra, argumentando que en el decir de sus pacientes había algo más que lenguaje, el sujeto del inconsciente no cesaba de aparecer pese a todos los intentos delirantes de la sociedad por ocultarlo.
Haberme graduado de Psicología me califica como una posible profesional de la salud mental; confieso que algo de consuelo llega al saber que al menos no estoy sola en el delirio, que con seguridad somos muchos preguntándonos sobre eso de “profesionales de la salud mental”. El espacio de la Nel – Cali, el análisis personal y los espacios de control de práctica han logrado que me siga preguntando, que me siga angustiando, y por su puesto que siga encontrando posibilidades para hacer un poco más pálido el delirio de normalidad.
Leer Alcarraza #2, “Consentimiento y Apuesta”, ha sido una ventana más que posibilita la escuela, para mí, la ventana que da al cielo abierto con sus tonalidades, por lo que permite la lectura en soledad y a su vez el intercambio con quienes escriben. Recuerdo constantemente (no es que me refiera al pasado), que cuando escuché el dispositivo “Pase: El Fin del análisis”, el delirio de normalidad volvió a delinearse, aspirar encontrar esa criatura humana de felicidad plena y vida perfecta ha sido la sombra más oscura para esta lectura, con frustración y a la vez consuelo, eso tampoco existe, pues bajo el principio freudiano de dejarse orientar por el sujeto del inconsciente, Lacan propuso el Pase como dispositivo de investigación donde puede ocurrir “el paso de psicoanalizante a psicoanalista”, más no de la tristeza a la felicidad, o algo por el estilo.
Sin duda, leerlo desde un dispositivo de investigación ha sido una de las formas de conservarme investigadora y seguir preguntándome, seguir angustiándome, usando esta ventana para observar con algo de distancia los protocolos basados en universales. En esta oportunidad, el texto ¿Por qué el Pase?, escrito por Mónica Larrahondo, nos trae las resonancias de escuela en la conversación con Marcela Almanza, Analista de la Escuela Una, en las que compartió su saber-hacer con lo que no se terminó en su análisis, “surcar la nada” es el nombre que le da a su forma de hacer con eso propio que no deja de existir, síntoma que antecede incluso en entrevistas preliminares y que no tuvo un final, pero si una forma propia de vivificarlo, apostando por un lazo más fuerte con la escuela por medio del dispositivo del Pase.
Las invenciones abriéndose “pase-o” con su síntoma, fruto del ejercicio de investigación de una analizante en el “pase-o” a convertirse en analista, alguien que ha seguido su camino inconsciente escuchándose y hablándose más allá del lenguaje. María Cristina Giraldo en su texto Taller de Casos Clínicos de este tomo, se refiere a la concepción original del analista en Lacan: es en el análisis donde se deviene analista y no en la práctica, la Escuela del Pase no se trata de construir un slogan a ser repetido, ni en los cargos laborales, ni en las reputaciones. En palabras de María Cristina, “el giro magistral producido por Lacan es orientar con la clínica del fin de análisis la entrada en análisis y el hacer del testimonio de un AE la investigación de como devino analista de su experiencia de análisis, lo cual es hacer legible la lógica de su fin de análisis. En modo alguno es volverse analista de la propia cura, analista de sí mismo”.
Ahora bien, esto podría aún delinear el delirio de normalidad, ¡al fin alguien que supo que hacer, aunque sea consigo mismo!; sin embargo, como un tropiezo a delirar, no se puede negar que este texto está ubicado en la sección de Orientación Política, no sin ser explicita la importancia de asumir esta experiencia de Uno, como asunto de todos en tanto practicantes del psicoanálisis, y en tanto integrantes de una sección de Escuela que deseamos se mueva y crezca, un asunto para investigar y hacerse preguntas, no para ajustarlo como una ley para todos. “La nuestra es una política que orienta tanto a la Escuela, como a la práctica lacaniana y a la extensión del psicoanálisis”.
Jesús Ambel, en una conferencia reciente con la Universidad de Popayán, titulada “La vigencia actual del inconsciente”, resaltó las palabras de Judith Miller, “tener en cuenta la condición del ser hablante implica también un modelo de sociedad”, lo que se dislucida alrededor del Pase no es únicamente la elección de una cura sino un modelo de sociedad, la construcción única del sujeto respecto a la idea delirante de normalidad, demanda social focalizada en los “profesionales de la salud mental”, que nos ocupa hoy, aquí, no sólo de construir nuestra propia forma de cura, sino de construir nuestra orientación política como orientadora en nuestra práctica analítica y en la extensión de psicoanálisis.
