EL FRENESÍ DE LA ELECCIÓN

Carolina Hernández, Miembro de la NELcf y la AMP

Valledupar, Septiembre 2022

En los últimos capítulos del seminario Piezas Sueltas, Miller trabaja sobre los estudios de género. Menciona que nos encontramos en un momento de “innovación en los semblantes que organizan el lazo social y la relación sexual”[1]. Esto me hizo pensar en que esta innovación puede llevar a un frenesí de la elección: una intensidad por elegir e identificarse a partir del síntoma. En esta época han ido cambiando los ideales provenientes del Nombre del Padre que articulaban asuntos sociales cruciales que tienen incidencia sobre la inscripción de los ciudadanos en la legalidad de los países, la filiación e incluso la herencia de los bienes.

Identificaciones poderosas como el género y la especie, relaciones muy importantes como el matrimonio, se han ido moviendo; se dilucidan a partir de una autoidentificación o un autoreconocimiento de cada individuo que se proclama según su parecer y su consciencia, autodefiniéndose a sí mismo.

De acuerdo a lo que he podido investigar en los planteamientos de los psicoanalistas actuales, estas transformaciones han tenido lugar específicamente en cuanto a las prácticas de goce, el sexo y el género. Esto ha promovido un pasaje de lo uniforme a lo múltiple, consiguiéndose incontables maneras de autonombrarse.

Así, vemos cada día sujetos trans más jóvenes, vemos influencers que se casan públicamente con muñecas, robots o incluso un color en específico como el rosa o consigo mismos. También personas que se autoidentifican como alienígenas o el mismísimo diablo y hacen modificaciones estéticas en su cuerpo para adecuar su imagen a la “especie” de la cual dicen provenir. Personajes famosos nombran a sus hijos recién nacidos de manera indeterminada para que en el futuro elijan su género o personas que se refieren a sus hijos o familiares con pronombres y artículos no binarios.

Así que estamos presenciando un cambio de época. No haré referencia aquí a los cambios jurídicos y sociales que estos movimientos generan y que son aparatosos y radicales. Haré alusión a lo que se consigue en la práctica de un analista.

Me resuena aquella invitación de Miller a ser dóciles a lo trans, lo que significa colocarnos en posición de analizantes ante lo que ese significante implica. ¿Qué puede escuchar el psicoanálisis sobre esto y qué tendría que decir? No se trata de ceder a las demandas de los sujetos trans y sus movimientos sino de dejarnos enseñar respecto de lo que el malestar de la época nos muestra.

Hay en este momento, tal y como lo planteaba Miller, un ascenso del plus de gozar al cénit del cielo social, así, ya no es más el ideal paterno lo que orienta. Los sujetos no se agrupan más alrededor de rasgos que el Padre indica, sino que ahora se agrupan en función de aquello de su síntoma que los identifica o a partir de la práctica de goce que tienen.

Identificación y elección

Ahora bien, ¿qué es lo que se esconde detrás de aquello que llamamos elección de identidad? ¿Es lo mismo un autoreconocimiento o una autoidentificación que una nominación? Los analistas sabemos que detrás de toda aquella decisión que se cree es tomada voluntariamente por un individuo se esconde un sujeto, pero no el sujeto autónomo, independiente o consciente para elegir. Sabemos que tras estas elecciones se oculta el sujeto del inconsciente con sus efectos. Es entonces función de un psicoanalista escuchar a este sujeto del inconsciente por muy difícil que esto resulte en una época en donde se insiste en hacer entrar en los proyectos de ley sobre el género la idea de que la elección sexuada que se cree proveniente del yo y de la autoconsciencia no puede ser cuestionada.

Para todos los seres hablantes se produce una encarnación de goce en el cuerpo, se inscribe, se nomina; sitúa y localiza una letra que es una indicación de la manera de gozar sin llegar a producirse una explicación que dé sentido a esto. Esta letra queda anudada a un acontecimiento de cuerpo.

En esta “nominación” (que se opone al término “identificación”) se trata de la conjugación de la contingencia, los enunciados que provienen del Otro y el acontecimiento de cuerpo que luego se traducen en un programa, una iteración de goce que se mantiene de manera constante a lo largo de la vida.

La mayoría de las veces, esta sustancia gozante surge en el ser hablante bajo la modalidad de un rechazo y hace síntoma; se muestra como lo que no conviene a la relación sexual. De acuerdo a Miller, el sujeto testimonia de ello con abyección, con vergüenza, diciendo que sería aquello de lo que podría prescindir, pero se presenta más allá de sí mismo. Lo dice bajo la forma de la confesión a su analista, con vergüenza de verse presentado con un goce que le resulta extraño, sin saber que para una buena parte de los analizantes esta confesión resulta igualmente penosa.

Respecto de lo trans, Estela Solano, recientemente hizo un estudio sobre los testimonios escritos de dos sujetos trans en los que pudo observar que es algo que “se impone con una extrema singularidad”. Es un malestar que “no es el fruto de una elección sino de una cosa que se sufre, de una cosa innombrable, tan enigmática como extraña que se les impuso cruelmente desde su infancia, introduciéndose en el cuerpo por efracción y produciendo un desgarro irremediable”[2].

Es esto lo que conseguimos los analistas en nuestra práctica diaria. No encontramos la alegría, el frenesí de la elección. Encontramos una forma de funcionamiento y disfuncionamiento sintomático que se le impone al sujeto cruelmente a lo largo de la vida y que, muy probablemente sin la intervención de un analista, no podrá experimentar sino más que bajo la forma de un autorechazo. ¿Quién de nosotros no ha sentido alguna vez este desgarro, este malestar, una cuestión innombrable respecto del propio cuerpo? La pubertad es una muestra importante de ello para cada uno.

La naturaleza es pródiga en semblantes y hay “eternos semblantes” como el falo, el padre y la mujer. Estos semblantes son lo opuesto a lo real lacaniano, a aquello imposible y contingente en respuesta a lo cual nos constituimos. De esta manera, llamarse hombre, mujer o trans no son más que nombres o ficciones alrededor de los cuales se organiza el discurso social. Un analista jamás aspirará a llevar a un analizante a ninguna forma de normalidad ni nueva ni clásica a este respecto. Por el contrario, se preguntará cuál fue la causa singular, en cada caso, que organizó esos semblantes de tal o cual manera.

Marie-Hélène Brousse, en una entrevista sobre los modos del sexo indicó: “Tenemos que escuchar a estos sujetos como se escucha a todos los sujetos. Alguien que haya realizado una operación biológica sobre su cuerpo, que haya transformado su cuerpo ¿tendrá menos deseo de hablar?, ¿sufrirámenos por la relación que pasará o no pasará por su fantasma? ¡No! Lo que lleva a la gente a análisis es un sufrimiento sea el que sea. Creo que tenemos que conservar esta brújula”.[3]

Lo que pretende la subjetividad de la época es cortar el cuerpo y el hablante y justamente la noción de ser hablante en el psicoanálisis implica que, para aquellos que practicamos como analistas, esto inconsciente que se habla en el sujeto es una cuestión fundamental.

No podemos resumir el asunto de la variedad de los géneros y elecciones sexuales a un error de la biología, ni a una solución voluntaria del individuo ante la oferta de la ciencia. Cuando, más allá de eso, hay un impasse entre cuerpo, semblante y sinthome, un asunto que resume su causa a este anudamiento. ¿Qué sucede en la época de la autoidentificación y del autoreconocimiento en los casos donde esto no se resuelve bajo la forma de la certeza? En esa enormidad de casos en donde el sujeto que quiere nombrarse está dividido y tachado o incluso rechazado ¿qué pasa cuando no puede leerse con facilidad la solución que la ciencia ofrece?

La singularidad es incomparable

Entonces, ¿qué tendríamos que preguntarnos?, ¿por dónde habría que buscar?, ¿qué hacemos los analistas? ¡Apuntamos siempre a la causa! Miller en Sutilezas analíticas nos aporta estas preciosas guías clínicas:[4]

  • Lo singular como tal es incomparable.
  • La virtud del caso es precisamente no parecerse a nada.
  • ¿En qué cosas, el caso que Usted es, no se parece a nadie más?

Lo llamó la orientación a lo singular y dijo: “el analista no compara, recibe la emergencia de lo singular”. De acuerdo con ello, la invitación, la propuesta del psicoanálisis ante el frenesí de la elección en la época actual tendría que ser la apuesta por la interrogación del caso por caso, por recibir la emergencia de lo singular aun cuando el paciente quiera forzarse a entrar en una de estas categorías, en alguno de estos semblantes que son propuestos actualmente.

El psicoanálisis en la época del frenesí de la elección

En su reciente conferencia titulada Jacques Lacan y el discurso trans actual[5] Miquel Bassols enumeraba lo siguientes impasses que puede tener el discurso del psicoanálisis con el discurso trans. A continuación, los resumo:

  • “En el psicoanálisis no creemos que puede haber una autodeterminación del sexo, lo que es nombrado como “auto” siempre tiene un pie en el Otro”.
  • “Cualquier definición sea la que sea, hombre, mujer, trans, siempre tiene algo de delirante”.
  • “Ninguna posición sexuada puede ser considerada patológica en sí misma”.
  • “La sexualidad plantea movimientos de discontinuidad radicales como la pubertad”.

Sin embargo, aunque existan impasses entre el discurso trans y el discurso del psicoanálisis, es innegable que nos encontramos ante un cambio evidente de la subjetividad de la época y vemos surgir ante nuestros ojos nuevas maneras de funcionamiento psíquico de las cuales los psicoanalistas tratamos de dar cuenta y nos dejamos enseñar.

Las formas de funcionamiento de goce que habitan en cada uno y nos pilotean, nos conducen, son asexuadas en el sentido de que la conformación del ser y sus filiaciones vienen como respuesta a ello. Así existe una primera constitución del ser, lo que Lacan llamó una decisión insondable del ser y que Freud denominó el núcleo, el kern del ser, que es incomparable y singularísimo, que no guarda relación ni se adecúa a semblante alguno en la organización social ni tampoco forma parte de lo que nos hace entrar en el lazo social.

Por tanto, puedo concluir que, aunque ciertamente nos encontramos ante el surgimiento de nuevas formas de subjetividad y que hay movimientos que están siendo comandados por un frenesí de elegir, es tarea del analista mantener la brújula de escuchar a cada uno, sin creerse ninguna categoría y manteniendo siempre en la mira el cuerpo hablante.

En su seminario de El Ser y el Uno, Miller plantea “el acontecimiento de cuerpo que es el goce aparece como la verdadera causa de la realidad psíquica”. Entonces para el psicoanálisis y para aquellos que lo practicamos, la causa de la elección de individuo, de lo que este considera como su verdad y su identificación más esencial encuentra su fundamento en el acontecimiento de cuerpo y en su tramitación del mismo. Toda verdad será una ficción construida para dar respuesta a esto, por lo que no hay una realidad objetiva ni evidenciable a la cual remitirse.

En este mismo texto, Miller indica que “la posición del analista cuando se confronta con Haiuno, ya no está marcada por el deseo sino por otra función que nos será preciso elaborar a continuación”. Así que nos encontramos en un momento en donde debemos construir y elaborar sobre lo nuevo de las subjetividades, de la época y de la teoría misma. Afortunadamente, el psicoanálisis, con Freud y Lacan, siempre se interroga a sí mismo. Queda abierto este trabajo para lo que en un futuro nos enseñen los seres hablantes que acuden a nuestro diván.


[1] MILLER, J-A. Piezas Sueltas. 2013. Editorial Paidós.

[2] SOLANO, E. Mujer color de hombre. 2021. Lacan TV.

[3] BROUSSE, M. H. Los Modos del Sexo. 2021. Lacan TV.

[4] MILLER, J.-A. Sutilezas Analíticas. Paidós

[5] BASSOLS, M. Jacques Lacan y el discurso trans actual. 2021. Lacan TV.