La invención psicótica

Comentario por Manuel Alejandro Moreno Camacho. Programa de estudios sobre psicosis. NELcf-Cali. Junio 9 de 2022.

Como indica Darian Leader[1] en su magnífico libro ¿Qué es la locura? “los sujetos psicóticos, a menudo, encuentran formas [..] para estabilizarse después del desencadenamiento y hacer su sufrimiento más llevadero, [así como] también, para evitar el desencadenamiento total de la psicosis” (p. 247). Estas formas de estabilización dan cuenta del trabajo psíquico puesto en marcha por sujetos psicóticos para hacer uso del lenguaje en tanto que instrumento para la organización de la experiencia subjetiva.

Hacer del lenguaje un instrumento no es una operación que pueda darse por descontada por el hecho de que el ser-hablante habite en el lenguaje. Hacer del lenguaje un instrumento es una conquista subjetiva, como bien lo evoca Jacques Alain Miller[2] en el texto en el que me oriento para hacer esta intervención, “se ve bien la diferencia entre los sujetos que alcanzan a hacer del lenguaje un instrumento y aquellos que permanecen instrumentos del lenguaje” (p. 9).

Esta separación entre sujetos que alcanzan a hacer del lenguaje un instrumento y aquellos que permanecen instrumentos del lenguaje, bien puede interpretarse de manera general como una distinción binaria entre neurosis y psicosis. Sin embargo, no creo que sea del todo preciso sentenciar esta distinción a partir de este criterio. Por una parte, no hay que dar por hecho que en las neurosis hacer del lenguaje un instrumento sea una conquista que esté garantizada, pues en el fondo, como afirma Jacques Lacan –y lo destacaba Fabián Naparstek en la sesión anterior–­ “todos somos esquizofrénicos”, en la medida en que en lo más estructural todo ser hablante esta atravesado por una Spaltung. Somos todos esquizofrénicos –apunta Miller– porque el cuerpo y los órganos del cuerpo nos hacen problema.

Por otra parte, la tesis que sustenta Miller, y que redunda también en la cita de Leader que tomé para iniciar este comentario, da cuenta de que en las psicosis también es posible construir formas para hacer del lenguaje un instrumento, por ejemplo, a partir de invenciones que protegen al sujeto de un desencadenamiento, o que tras un desencadenamiento consumado contribuyen a la estabilización. De hecho, es a partir de seguir la pista a estos modos de invención en la psicosis que Lacan sugiere un horizonte para la dirección de la cura, que aplica para las neurosis y las psicosis, con sus matices diferenciales.

Hacer del lenguaje un instrumento, pasa por encontrar la función del órgano-lenguaje, esto es, hacer algo con ello. En el texto, La invención psicótica, Miller procura dilucidar esta premisa. Para ello, parte de la tesis lacaniana sobre la relación del sujeto psicótico con el lenguaje, a saber, que “el sujeto psicótico está en una relación directa al lenguaje en su aspecto formal de significante puro. Todo lo que ha construido allí no es más que reacciones de afecto al fenómeno primero, la relación al lenguaje.” (Lacan, Seminario 3, p. 284). Esta relación directa al lenguaje, es la que conduce en algunos momentos a la necesidad de invención en las psicosis.

Si bien encontramos una amplia gama de invenciones que conducen a la estabilización de sujetos psicóticos, o que en la experiencia clínica se revelan como aquello que ha sostenido a un sujeto y le ha protegido de la desestabilización, el planteamiento de Miller en el texto objeto de este comentario se enfoca en lo que concierne a las esquizofrenias.

Para el esquizofrénico –dice Miller– el problema del uso de los órganos [del cuerpo] es especialmente agudo y tiene que construir recursos sin el auxilio de discursos establecidos, es decir que está obligado a inventar un discurso, está obligado a inventar sus apoyos, sus recursos, para poder hacer uso de su cuerpo y de sus órganos. (p. 7)

Ello implica que la particular relación del sujeto esquizofrénico con el lenguaje tiene la propiedad de enigmatizar la presencia del cuerpo.

Dicha presencia del cuerpo, como hemos dicho, es un problema que todo ser-hablante debe enfrentar. La buena educación –expresa Miller– es el aprendizaje de las soluciones típicas para resolver el problema que plantea al ser-hablante el buen uso de su cuerpo. Tales soluciones típicas son las que cada uno encuentra en los recursos del Otro social en el que habita. El discurso del Amo proporciona respuestas que son recursos para la identificación. Es a lo que Miller se refiere como los delirios de los discursos establecidos. A dichos discursos establecidos se adhiere la neurosis para solucionar el problema de qué hacer con el cuerpo, aunque ello conlleve a las consecuencias del traumatismo de lalengua. Pero cuando algo en el sujeto esta desenganchado de la función del Otro, como sucede en las psicosis, el sujeto debe inventar un sentido, allí donde no puede hacer uso del lenguaje.

Este desarreglo del sujeto psicótico con la función del lenguaje tiene implicaciones al enfrentarse a la pregunta por el órgano-cuerpo. Para el esquizofrénico –plantea Miller– los órganos pasan fuera-de-cuerpo, en el sentido en que toman vida ellos mismos, tienen su propia vida, juegan su parte solos. El cuerpo, en la esquizofrenia, es experimentado entonces con un valor de ex–sistencia. Es decir, como algo que escapa, que se experimenta como ajeno, pero que al mismo tiempo permanece ligado.

En este punto es preciso destacar el movimiento argumentativo que Miller pone en funcionamiento en este texto. En la esquizofrenia los órganos se experimentan como fuera de cuerpo como efecto del desarreglo del sujeto con el lenguaje. Y para explicar este desarreglo Miller acude a la siguiente figuración: para el ser-hablante el lenguaje mismo es expresado como un órgano-fuera-de-cuerpo, es el problema del qué hacer con el lenguaje el que es preciso resolver, para con ello resolver el enigma de qué hacer con los órganos del cuerpo. Fallida la relación con el lenguaje, el sujeto tiene pocos recursos para resolver el enigma del cuerpo y por ello los órganos del cuerpo retornan desde fuera, por su falta de significantización.

Para contribuir con una luz que aclare algo de la complejidad de estos planteamientos quisiera traer la descripción del padecimiento de una joven de mujer. Se trata de un fragmento de Interpretación de la esquizofrenia,de Silvano Arieti, citado por José María Álvarez[3] en su muy recomendable trabajo Principios de una psicoterapia de las psicosis:

Sally me hizo una minuciosa descripción de sus síntomas. [….] Cuando no se hallaba en estado catatónico, tenía la impresión de que su cuerpo se desmenuzaba en pequeños pedazos o corpúsculos, que caían dentro o fuera de su cuerpo. Prefería no moverse, por miedo a que esto provocase la caída de estos pedacitos. Debía convencerse ella misma en todo momento de la integridad de su cuerpo, para lo cual se vigilaba constantemente de manera obsesiva. Cuando se movía, por pequeño que fuese el movimiento, se preocupaba de cómo debía hacerlo, dividiéndolo en pequeñas etapas, para asegurarse de que en ninguna de ellas se habían producido caídas de trocitos. Esta tarea era terrible; cualquier movimiento le inspiraba un miedo mortal y la obligaba a obsesionarse con pensamientos de los que no podía zafarse. Con frecuencia pedía a sus allegados que la ayudasen a examinar su cuerpo, para convencerla de que no se le había caído ningún pedazo. (p. 59)

La imagen del sufrimiento aparejado a esta descripción es contundente. Pero algo de la manera en que se relata la experiencia de esta mujer ya incluye una aproximación a lo que se concibe como invención. Pareciera que esta mujer se ha hecho a un sistema de vigilancia de su cuerpo para garantizarse, a través de su mirada y con el apoyo de la mirada de los otros, que no se está desmenuzando en pedazos. Además, toma las precauciones que considera necesarias respecto a sus movimientos, para evitar la caída de los trozos de su cuerpo. Ciertamente no se trata de una solución típica adoptada como destino para la resolución del enigma que representa el cuerpo, pero es una forma de resolverlo, con seguridad la mejor que ha encontrado si tenemos en cuenta que, como afirma Álvarez,

la locura se comprende esencialmente como una defensa necesaria y los síntomas como muletas imprescindibles, [por tanto] el tratamiento se orientará hacia un reequilibrio, se adapte o no a la realidad imperante y se amolde o no a los ideales de cada momento (p. 57).

La noción de invención, entendida de la manera en que se ha expresado hasta aquí, constituye un principio fundamental para el tratamiento posible de las psicosis desde el psicoanálisis de orientación lacaniana. Sin embargo, no se trata de hacer de ello un ideal. Como bien apunta Miller,

el concepto de invención no recubre toda la psicosis. Hay que darle su lugar –y es también interesante– a todo lo que es del registro de la no-invención, es decir todos los casos […] en los que vemos el traumatismo del lenguaje presente y el sujeto bloqueado sobre el traumatismo del lenguaje y no pudiendo inventar a partir de allí, de ningún modo. (p. 10)

Para precisar la forma de concebir la invención, me remitiré a la sugerente, aunque poco desarrollada, distinción propuesta por Miller entre creación, descubrimiento e invención, procurando transmitir mi interpretación de dicha distinción y sus consecuencias.

La creación –sugiere Miller– hace referencia a una formación ex nihilo, es decir que se crea aquello que no está y se crea de la nada. El descubrimiento, por su parte, lo es de algo que ya estaba ahí, pero que se encontraba oculto. En ese sentido, la lógica del descubrimiento está en relación con la lógica de la investigación, con el acto de develamiento. La invención, a diferencia de la creación, se produce a partir de materiales existentes, pero, en contraste con el descubrimiento, transciende la lógica del develamiento para avanzar a la construcción de algo inédito. Lo que se inventa es nuevo, pero está hecho de materiales existentes, se inventa con lo que hay.

Para contribuir a la dilucidación de estas ideas, voy a traer a colación la amable explicación de Leader:

la idea psicoanalítica [de invención] es una versión sofisticada de la historia de Dumbo el elefante. En la película de Disney, este pobre paquidermo sufre el rechazo y la calumnia, tanto por parte de humanos como de animales, a causa de sus enormes orejas. Sin embargo, las mismas marcas de desaliento se convierten en el instrumento de éxito: cuando Dumbo se da cuenta, con la ayuda de su amigo el ratón Timoteo, de que las orejas le pueden servir como alas para propulsarlo en el aire, se convierte en la estrella del circo. Su carencia se convierte en virtud, y le permite vivir con una dignidad renovada. Aunque es un cuento para niños, la lógica de la película de Disney ilustra el concepto de Lacan: la transformación de lo que le aflige a uno en su modo de vida, no suprimiéndolo, sino explotándolo, aprendiendo a usarlo.

Observamos el mismo proceso en el caso de Joyce, exactamente mediante la explotación de lo que le afligía, las voces que se imponían se convirtieron en la misma materia de su identidad literaria. Los superhéroes que habitan el mundo de los niños y los adolescentes consiguen sus poderes de un modo similar. Leyendo los perfiles de cientos de superhéroes y villanos en la Enciclopedia Marvel, vemos cómo cada uno toma su nombre de alguna experiencia devastadora de pérdida, dolor u horror: la muerte de un padre, un accidente nuclear, haber sido salvado de bestias salvajes, haber sido abandonado de niño, etc. En lugar de reprimir ese momento, éste queda grabado directamente en su nombre, como si se identificara con el sello o la marca que se le impone, sin resistirse o negarlo. Es este sello el que les da una dirección en la vida, incluso si ello conlleva cierto aislamiento. (pp. 275-276)

Descubrimiento e invención representan vertientes diversas de interpretación de la clínica psicoanalítica. Operaciones complementarias que contribuyen a la orientación de los psicoanalistas en la dirección de la cura. La vertiente del descubrimiento apunta a la tradición de la terapéutica de inspiración freudiana, sustentada en el trabajo de hacer consciente lo inconsciente, contribuir al levantamiento de las represiones, con el propósito de construir un saber. Estas cuestiones también encuentran eco en la propuesta lacaniana del develamiento del fantasma, y la construcción de un saber sobre el deseo del sujeto, a partir de la emergencia de algunos S1s.

La vertiente de la invención, apunta al trabajo de construcción de un saber-hacer-allí, con lo que hay. En ese sentido, lo que enseña la invención psicótica no aplica exclusivamente para la psicosis, sino que está en la base del concepto de síntoma (sinthome), medular en la propuesta lacaniana del final de análisis.


[1] Leader, D. (2013). ¿Qué es la locura? Sexto piso.

[2] Miller, J.A. (2007). La invención psicótica. Virtualia 16. Disponible en http://www.revistavirtualia.com/articulos/500/formas-contemporaneas-de-la-psicosis/la-invencion-psicotica

[3] Álvarez, J. M. (2020). Principios de una psicoterapia de las psicosis. Xoroi Edicions.