¿Qué democracia para el psicoanálisis?

Jaime Castro

Mayo 28 de 2021
“Convivir con el estado» – Graffiti borrado en un muro de Medellín

Si bien en los grupos humanos las identificaciones imaginarias están a la orden del día, haciéndonos creer que todos somos iguales frente a un elemento tercero que nos sirve de polo de identificación, sea una persona, un líder, una idea, una cosa, hay que constatar también que esa aspiración a la igualdad, ese Todos iguales, es subvertido por el goce de cada uno, que quiérase o no, introduce la diferencia, rompe la unidad del dos, muchas veces de la peor manera como es con el odio hacia el otro, hacia el diferente.

Podríamos decir entonces que a la psicología de las masas de Freud se le atraviesa las lógicas de la sexuación de Lacan que introducen en lo más íntimo como es el goce de cada Uno, algo que no es del orden del Universal, lo que no hace comunidad. De la sexuación se  extrae que no hay dos goces iguales, que a  este nivel no opera el principio democrático del todos iguales, sino más bien el principio del  Todos diferentes o del No-todos iguales.  

El aforismo de Lacan “No hay relación sexual” quiere decir, que a nivel inconsciente, el parlêtre no tiene como escribir una igualdad de los goces masculino y femenino. Es este el real para cada uno. 

Como lo señala Miquel Bassols, una democracia analítica es una aspiración a un reconocimiento: que en el corazón de los vínculos de todo grupo humano hay un imposible, un real, algo que no cesa de no escribirse. Lo cito: 

“Lo imposible que anida en todo grupo humano es el reconocimiento mutuo y recíproco, la asunción plena y consentida del goce del Otro como radicalmente ajeno, como aquella forma de satisfacción y de ser que me parece ajena pero que habita igualmente en la intimidad más íntima de mí mismo, como un goce que, he de suponer, es goce del Otro, con mayúscula…. Lo más real del goce del Otro se nos hace entonces presente en todo lo que rechazamos como intolerable”.

Miquel Bassols

En otras palabras, el modo de goce del Otro, es justamente el impedimento mayor al vínculo social en la medida en que se lo segrega y se lo odia. 

Bassols señala también que este insoportable del goce del Otro es correlativo de una lógica fálica desde la cual se establecen universales para el vínculo social.  El «todos iguales» de los ideales democráticos, tiene, entonces, la cara de la segregación, de lo insoportable de la diferencia. En esa vía propone: 

“Una democracia analítica debería poder funcionar con la lógica del No-Todo como la única que puede tener en cuenta la singularidad del sujeto de la palabra y del goce, más allá de las identificaciones de su Yo en el grupo ‒lingüístico, nacional, profesional o religioso”

Miquel Bassols

En otras palabras, propongo pensar que una democracia analítica reconoce tanto la lógica fálica del todo,  que lleva al todos iguales como ideal democrático, por ejemplo, todos los ciudadanos tenemos los mismos derechos estipulados en una constitución, y más allá de esto, fundamentalmente, una democracia analítica se acoge a una lógica suplementaria, no-fálica, no -toda, que dé cabida a lo que no hace dos, a lo que no encaja, y que se mantiene en el orden de lo Uno, el terreno de lo estrictamente singular, sin par. 

Hay dos términos respecto de la democracia que Bassols pone a dialogar en su artículo:  Democracia analítica y democracia política.  Afirma que la democracia que mejor le conviene al psicoanálisis para existir como discurso y como experiencia es justamente la democracia política basada en la libertad de la palabra.  A lo cual habría que agregar, también a partir de su texto, que dicha forma política también tiene sus fundamentos en el reconocimiento del conflicto como intrínseco a los vínculos sociales, incluso, para ser bien freudianos, del reconocimiento de la pulsión de muerte en la base de los vínculos y conflictos de los grupos humanos.  

En esa vía la democracia política que conviene al psicoanálisis, al asumir como fundamento la libertad de la palabra, hace de la Participación, uno de los principios en que se sostiene, de ahí que sea la conversación, el debate público y argumentado, uno de sus pilares.  La democracia política que conviene al psicoanálisis es aquella en la cual el gobierno de turno, asume sujetar su acción a los límites y posibilidades trazados por la constitución política del estado.  En otras palabras, es un ejercicio de gobierno sujeto a la ley para todos, y no al capricho dictatorial de una ley válida para algunos desde la cual le exijo a los otros que la cumplan, pero en tanto gobierno no doy ejemplo de su cumplimiento.  Respecto de la ley, en la democracia, el principio es todos sujetos a la ley. 

En teoría, la democracia política, el ordenamiento constitucional de Colombia, se basa en el Estado social y democrático de derecho entendido como una realidad política, jurídica, económica y sociológica: 

Como realidad política, con el marco de la Constitución, basada en la garantía y protección de los derechos fundamentales y en la división del poder público.

Como realidad jurídica, a partir del referente máximo,  la Constitución política, en donde se consagran entre otros, los principios, derechos y deberes de los ciudadanos.

Como realidad económica, en tanto implica “el estudio de los recursos, los medios de producción, distribución y consumo de bienes y servicios, para satisfacer las necesidades humanas”

Como realidad sociológica, fundamentada en la doctrina del “derecho viviente”, es decir, que las leyes que se crean y su aplicación e interpretación “debe hacerse con un sentido literal, histórico, natural, sistemático y sociológico, de acuerdo con la evolución de la sociedad y de sus necesidades”

En síntesis, la democracia basada en el estado social de derecho le conviene al discurso y a la experiencia psicoanalítica porque tiene como principios para todos los miembros de la comunidad la circulación de los cuerpos, de la palabra y la participación.  Esta dimensión universal del «para todos» a nivel político en cuanto a los derechos mencionados anteriormente, es necesaria justamente para dar cabida a lo que el discurso y la experiencia psicoanalítica introduce que es el No-todos iguales a nivel del goce. 

Cito a Miquel Bassols: 

“La democracia política es así el orden social más compatible que podemos conocer con la pluralidad de las formas de gozar y con la diversidad de los vínculos sociales que se extienden más allá de la llamada globalización”

Miquel Bassols

Él precisa que la globalización, lejos de introducir en el mundo la uniformidad, ha producido más bien múltiples modos de vivir el goce que no se acogen a ningún ideal normativo, y en consecuencia, como lo señaló Lacan, ha generado el aumento del racismo, entendido como odio al goce del Otro. 

Ahora bien, el planteamiento de Bassols es que la democracia en sí misma es sin garantía. Colombia es un ejemplo de ello.  En otro momento he usado la expresión narco-paraco-democracia para referirme a lo que me parece que opera en nuestro país.  Esta fragilidad de nuestra democracia criolla se evidencia en que está teñida de mafias, bandas criminales, narcotráfico, paramilitarismo, subversión, y una muy buena dosis de corrupción.

Esta democracia a la colombiana es un sistema sin garantía, incompleto e inconsistente, con lo cual se posibilita en mayor medida la segregación mutua entre las diversas formas de goce, como lo estamos viviendo actualmente en nuestro país, y por supuesto, con muchas dificultades para su tratamiento. 

Agrega Bassols que la democracia en su fragilidad interna como Otro inconsistente, genera en ella misma su contradicción, con lo cual “el recurso a la fuerza” para gobernar es la salida falsa cuando no se logra asumir una autoridad auténtica.

Cabe preguntarse ¿por qué la Constitución de 1991 que supuestamente, en el papel, representaba un progreso en términos de derechos y libertades para los ciudadanos, ha tenido tantos obstáculos en su implementación efectiva? 30 años después de firmada la Constitución del 91, asuntos tan básicos como los derechos a la vida,  la salud, la educación, la alimentación, siguen siendo distantes para un alto porcentaje de Colombianos. 

Es importante resaltar del texto de Bassols, el énfasis que él le da a la conversación y al debate como formas de enfrentar los problemas inherentes a estas paradojas de la democracia.  Una vía para el sostenimiento de la democracia es la legalidad, entendida como la proliferación de leyes y medidas de control, una especie de regulación incesante. Otra vía, como se mencionó antes, son las medidas de fuerza, cuyas nefastas consecuencias no cesamos de ver estos días en Colombia.  Pero la otra vía es la conversación y el debate.   Es con base en una “conversación sin condiciones” de donde puede provenir una legalidad, y no lo contrario.  Es decir, se trataría de sustituir al poder de la fuerza y la legalidad, por el poder de la palabra, la conversación. 

“La palabra es poder, como lo demuestra la experiencia analítica”, afirma Marie Hélène Brousse, así para todo sujeto sea lo menos libre que hay en sí mismo. Ella ubica el escepticismo de Lacan respecto del ideal necesario de la democracia en que “la palabra falta, falla, siempre la cosa”. De ahí que ella se pregunta por lo que se le escapa a la palabra democracia en el sentido de fracasar. 

En nuestro país hay que constatar que hay un uso cínico del término democracia, se lo manosea, se lo utiliza para dar un nombre a corrientes políticas que de democráticas tienen poco y que más bien se ubican en posiciones extremas antidemocráticas. Bassols comenta que para Miller la “democracia” “es un significante que no trasmite nada, ninguna identidad,  ninguna tradición, ninguna trascendencia (…) porque ha venido a suturar el lugar que ella misma debería preservar, el lugar de la falta de significante de una garantía del Otro y en el Otro a la vez”.  Incluso Bassols afirma algo que resuena muy bien con nuestra realidad nacional como es el hecho de que el significante democracia puede significar “cualquier cosa y lo contrario”, acaso no eso lo que vemos constantemente entre muchos de los políticos democráticos de nuestro país, que hoy enarbolan unas ideas y al día siguiente, se venden al mejor postor, por ideas perfectamente contrarias. 

Ahora bien, tampoco se trata de aspirar a un ideal democrático que vendría a resolver todos los problemas sociales actuales. Para Miller la democracia no se escapa al privilegio de algunos y la exclusión de otros, es un virus que lleva en sí misma, y más bien de lo que se trataría es de ponerse de acuerdo, durante un tiempo prudente sobre quiénes gobernarán. 

Si bien esta perspectiva no parece muy alentadora en tanto desidealiza la democracia, el recurso al “acuerdo”, por vía del debate y la conversación, parece que es una salida social mucho más digna políticamente que el recurso a formas totalitarias o a la exacerbación del racismo al que asistimos, por ejemplo, en nuestra ciudad. Marie Hele Brousse recuerda, retomando a Miller, que una de las formas que toma el ideal en un grupo es el “nosotros”, el  cual entra en oposición a un “ellos”, con la consecuencia de reforzar al yo y al ideal, en detrimento del sujeto y su falta en ser. 

Ella también comenta que en la dialéctica de la democracia hay un cuestionamiento a uno de sus pilares, el Uno de la mayoría, con lo cual ha ascendido a la escena pública diversas minorías bajo nuevas formas del “nosotros”. 

Vemos, entonces, el surgimiento de nuevos significantes amo en la vida social.  Brousse señala que son los significantes “excluido y exclusión”, y agrega que nos dirigimos hacia una lógica del Todo que ningún Uno le hará excepción.  Y subraya el poder de innovación del lazo social de las minorías.  Retoma que para Lacan las minorías estaban del lado de la perversión y de la sublimación en tanto iban en contra de la norma establecida para gozar.  Se pregunta, entonces, si “las minorías serán los escabeles de la democracia, o bien la causa de su transformación en discriminación generalizada?”

Al contrario de una enunciación del Ideal en términos del “nosotros”, Brousse propone una democracia basada en una identificación no segregativa, desmasificadora. El concepto de “cuerpo hablante” aquí juega un papel crucial en tanto a ese nivel del goce del cuerpo, del acontecimiento de cuerpo, nunca hay un “nosotros”, siempre se trata de un goce singular.  Ella opone los ideales que colectivizan, que hacen grupo,  a las soledades que hacen serie, no grupo.  Y agrega que “La experiencia analítica cura del Nosotros, al precio de una pérdida de sentido, bastante feliz. Una relación diferente a lo universal, esta vez no consistente, surge”. Es lo que ella le desea a la democracia. 

Si para el psicoanálisis la democracia no es un ideal es porque el psicoanálisis nos enseña de la existencia en todo ser hablante de la pulsión de muerte y el goce que como tal siempre es autoerótico, no hace lazo social, con lo cual objeta los ideales democráticos y la justicia distributiva. 

Cito a Bassols:  “La pulsión no quiere lo que el Otro no tiene, sino que el Otro no tenga lo que a ella siempre le falta, lo que siempre le falta para satisfacerse del todo en un objeto. Esta maquinaria infernal hace imposible cualquier lazo social que no tenga en cuenta la dimensión del goce, del goce segregado inevitablemente por este vínculo, pero que es a la vez el fundamento de cada vínculo que se establezca, ya sea el pedagógico, el científico, el político, el del amor mismo o el propiamente analítico”

Ahora bien, ese goce segregado, vuelve aparecer en la escena por la vía del síntoma.  Es justamente, en el terreno del síntoma, de lo que no anda, donde quizá el psicoanálisis tiene mayor lugar, justamente para acoger el agujero que allí brota. 

En una época como la actual en donde se constata la caída de los semblantes del padre, el recurso al síntoma en su dimensión de solución e invención puede ser muy útil, tanto para un sujeto como para una comunidad.  A propósito de este punto,  Bassols nos brinda una orientación para pensar una posible democracia analítica contando con el síntoma:  

“¿Es pensable una democracia a partir del síntoma? ¿Es posible una democracia analítica? Requeriría en todo caso de una conversación sostenida hasta el límite donde el goce del Otro deviene insoportable, sin ceder ni un palmo en esta exigencia que el imperativo analítico de Freud formuló de este modo: “Donde Ello era (el goce pulsional del Ello), Yo (como sujeto) debo advenir”. Es la brújula que la experiencia analítica tiene para orientarse con el sujeto en lo real del goce. Esta experiencia parecería una tarea imposible llevada a escala social y colectiva. Es, sin embargo, un imposible que debe tener todo su lugar en la experiencia política de la fractura de la verdad. Es también siguiendo este imperativo ético y analítico como una democracia podría hacerse finalmente sostenible”.

Miquel Bassols

EFECTOS DE GRUPO Y PERMUTACIÓN

                                                                                       Gloria Irina Castañeda*

Sabemos que Lacan estaba advertido y conocía muy bien de los efectos que las dinámicas grupales introducen en las instituciones, en la formación de los psicoanalistas, y de todos aquellos que quieran estudiar psicoanálisis; ello está claramente definido en el texto del acto de fundación de su Escuela [1], el 21 de junio de 1964 (Escuela Francesa de Psicoanálisis) donde expone el funcionamiento del cartel y la lógica que lo separa de la dinámica del grupo, lo cito:
Los que vendrán a esta Escuela se comprometerán a cumplir una tarea sometida a un control interno y externo. Se les asegura a cambio que no se escatimará nada para que todo cuanto hagan de válido tenga la repercusión que merece, y en el lugar que convenga. Para la ejecución del trabajo, adoptaremos el principio de una elaboración sostenida en un pequeño grupo. Cada uno de ellos (tenemos un nombre para designar a esos grupos) se compondrá de tres personas como mínimo, de cinco como máximo, cuatro es la justa medida más una encargada de la selección, de la discusión y del destino que se reservará al trabajo de cada uno. Luego de un cierto tiempo de funcionamiento, a los elementos de un grupo se les propondrá permutar en otro. El cargo de dirección no constituirá un caudillismo cuyo servicio prestado se capitalizaría para el acceso a un grado superior, y nadie se considerará retrogradado por retomar al rango de un trabajo de base. (p.248)

Se devela así en la Escuela de Lacan un desplazamiento de sentido que pone en relación dos formas que implican lógicas colectivas y modos de asociación diferentes, que en el caso del dispositivo del cartel, el más-uno como función propuesto por Lacan operará para romper los efectos que procrea la lógica del grupo, porque el más-uno no es homogéneo a los otros, pero tampoco superior a los otros participantes del grupo, como sabemos y lo hemos trabajo en este espacio, más bien, es un líder atenuado, disminuido, barrado, permutable, sin un prestigio de conocimiento, que engendre por lo mismo amor por su saber, y provoque identificaciones. En el cartel, no se trata de establecer un lazo de trabajo sobre la base de una estructura piramidal, al modo como Freud considera al ejército y a la iglesia en su «Psicología de las masas y análisis del yo»[2]. Para Freud, lo recuerdo, esa masa homogénea mira al líder, que como punto supremo de Ideal, no hace más que suturar y taponar toda singularidad. Al mismo tiempo, soldados o feligreses se identifican unos a otros con una alineación horizontal, es decir parejitos, hermanos, tocayos.
Además, esta modalidad de asociación establece, quiera o no, aparatos burocráticos superpuestos, jerarquías artificiales, y la necesidad de trepar en la pirámide. Más allá de las mejores intenciones, que terminan no siéndolo, no puede evitarse querer escalar. En los grupos se trata de la lógica fálica, lógica que apunta al Uno como todo, y esa lógica, que puede ser muy útil y necesaria para la mayoría de las agrupaciones humanas, en el caso del psicoanálisis se revela como opuesta a su propia práctica, puesto que la eliminación de la dimensión de la falta en el lazo de trabajo esteriliza la transferencia de trabajo, en tanto no hay necesidad de ponerse a trabajar en un proyecto de estudio particular, si predomina la identificación al amo del saber, encarnado por el Uno como todo. En el cartel la elucubración de saber no está unificada, ni garantizada desde una posición de impartición de saber, no hay » profesores, ni lectores privilegiados”. En el cartel de Lacan, la pirámide se transforma en campo, donde cada quien tendrá un camino despejado y libre para movilizar su líbido y deseo hacia su pregunta particular o tema de interés. Entonces donde allá estaba la identificación horizontal de la masa uniforme, acá sitúo más bien un lazo asociativo organizado alrededor de un otro agujereado. Le Bon citado por Freud describe el espíritu de las masas [3], como aquel poder que transforma los modos de pensar y actuar de las personas independiente de su grado o nivel de inteligencia o educación, que los dota de un alma colectiva. Tienen sed de obedecer a un jefe o conductor que predica unas ideas que pueden adquirir un estatus de fanatismo provocando incluso un sentimiento parecido a la fascinación hipnótica que paraliza la capacidad de crítica, asombro y conciencia moral. Es un líder a quien se le supone un saber completo y terminado.

Entonces, juntarse con otros puede ser el inicio de un camino hacia la identificación, y ¿por qué?. Recordemos que las identificaciones son una respuesta frente a la falta en ser, ellas nos otorgan una identidad, y operan como marcas que registran un lugar conocido ante un otro. En psicología de las masas y análisis del Yo, Freud presenta la identificación [4], como la más temprana exteriorización de una ligazón afectiva con otra persona y desempeña un papel en la prehistoria del complejo de Edipo. Asimismo, Freud devela cómo las masas humanas son fértiles para sembrar lazos libidinales a partir de algún rasgo en común, que existe con otra persona, sin que ello requiera de un vínculo sexual previo. Los une la comunidad de lo parecido, algo en común los acerca y los cerca. Los une recíprocamente su ideal puesto en un otro que opera como líder y que funde todo lo que se quiere ser y tener para sí mismos, con la ilusión de ser amados por igual.

Lacan en el seminario 9: La identificación [5], construye su propia teoría de las identificaciones cuyas formas se distribuyen en los tres registros: simbólico imaginario, y real, se podrían llamar modalidades lacanianas de identificación. La identificación simbólica se entiende como la identificación primaria con los significantes del Otro del lenguaje; la identificación imaginaria, se entiende como identificación especular con un otro (familiar) que le permite hacerse a un cuerpo, y llama identificación a lo real, porque carece de símbolo, de significante y esconde ahí un modo de gozar.

El asunto o la dificultad para el estudio del psicoanálisis es que el lazo identificatorio produce mutualismo, cierra la pregunta por el propio deseo y cierra u obstruye lo singular de cada uno. Pero también es importante reconocer que los seres humanos se identifican a un grupo, es inevitable, y a veces terapéutico, el asunto que me planteo o me interrogo en este trabajo es a ¿qué punto del grupo tenemos que identificarnos? A mi manera de entender al punto donde me hago la pregunta sobre qué deseo, ¿qué deseo aprender?, ¿qué deseo saber?, deseo que fructifica en el dispositivo del cartel, pero no es sin otro, sin otros con quienes trabajamos por una causa en común, pero sobretodo personal, trabajo decidido que moviliza la líbido en la vía del deseo, pues siempre estamos dando vueltas alrededor del agujero del saber, ligazón entre deseo y no saber, sería pues, el compuesto requerido para poner límites a una identificación masificadora . Agujero en el saber que permite el alojamiento del deseo de cada uno en el recorrido a realizar. Si no hay un agujero en el saber no hay deseo.

En otro trabajo llamado El Señor A [6] del 18 de marzo de 1980, Lacan presenta de una manera muy sencilla el funcionamiento del cartel y la lógica que lo separa de la dinámica del grupo, lo cito:

Vayan. Júntense varios, péguense unos a otros el tiempo que haga falta para hacer algo y disuélvanse después para hacer otra cosa. Se trata de que la Causa freudiana escape al efecto de grupo que les denuncio. De donde se deduce que sólo durará por lo temporario, quiero decir – si uno se desliga antes de quedar tan pegado que ya no pueda salirse.

A propósito de esta cita de Lacan, Mauricio Tarrab en su trabajo: En el cartel se puede obtener un camello[7], reflexiona de lo que se entiende como: Júntense para hacer algo, y advierte que “ese hacer algo es lo que Lacan llama el trabajo de la Escuela”, de donde devienen varias preguntas: “¿Qué es lo que la Escuela y cada uno de nosotros obtenemos de trabajar en carteles?” y agregaría de todos aquellos que quieren estudiar psicoanálisis ¿Por qué agruparse en sí?, evidentemente no es nada sencillo sostener ese trabajo. No hay nada que nos asegure que un cartel, constituido por 4 + 1 no se convierta en un grupo más, nombrarlo como cartel no garantiza que lo sea. Hay que hacer la experiencia. Considero en este caso, que hay que servirse de la condición de grupo a condición de prescindir de sus efectos.

En cuanto al pegoteo que Lacan nombra como fuerza de inicio libidinal para un trabajo de cartel, se constituye también en un punto de obstáculo, a tal punto que se hace obligatorio su disolución, un año, máximo dos años es la durabilidad de un cartel. Para el trabajo del cartel no conviene el amor, tampoco el odio y a modo de ver, eso puede pasar o proliferar con el pegoteo des-bordado si no se limita el tiempo de convivencia, pues, se corre el riesgo de que opere como un tapón al deseo de saber, se evapora la transferencia de trabajo, y se imponen puntos de fijación y repetición en los lazos con los otros, es decir, otra vez, otra vez, lo mismo, lo mismo, vuelve siempre al mismo lugar. Se elimina la sorpresa, la contingencia, la inventiva, y sobretodo lo enigmático que nutre el deseo como puesta en acto en un cartel. Y es un deseo conjugado con el no saber es lo que provoca a los cartelizantes a que vayan al encuentro de lo que puede estar allí anticipado, tal vez, por el rasgo que han tomado en el Cartel, pero aún por descubrir o inventar. (Los remito para esta idea al texto de Beatriz Udenio, publicado en Virtualia #7, “Te deseo aunque no lo sepa, buena fórmula para el cartel [8]”)

Finalmente, Miller en un trabajo denominado: Cinco variaciones sobre el tema de «la elaboración provocada [8] » propone hacer uso del lado positivo del discurso histérico para contrarrestar los efectos del grupo, por la vía “destituyente”, que supone destronar, hacer freno a una instalación en posición dominante en un discurso, sea del significante-amo del saber. Sin embargo, llama la atención sobre sus riesgos, pues puede empujar la otra cara feroz de la idealización del amo, si no se prolonga en el discurso analítico, porque a fuerza y a medida de destituciones, se instituye una vertiente de preservación del ideal, de idealización frenética; recordemos que la operación de la histérica, en relación al amo, es destituirlo para salvaguardar su ideal de amo de una marca.

En este sentido, Miller a partir de la estructura de los cuatro discursos formulada por Lacan y entendida como cuatro modos de dominio propone un modo distinto y novedoso de tratarlo como modos de provocación y así propone colocar al más-uno en el lugar del agente, esa es su función, su misión, como agente provocador por el mismo hecho de haber sido convocado por la demanda de los otros cuatro, es ser un provocador-provocado. Cito a Miller:
Siempre es así como se elabora a partir de… siendo llamado, suscitado por… El trabajo es suscitado siempre por una llamada, una llamada de provocadores que
Va a buscar lo que es latente y que llamando revela, véase crea.

El más-uno en un cartel no es ni el amo ni el analista, incita el trabajo, animado por su propia pregunta. Agencia en función del deseo que lo causa, propiciando la caída de la lógica significante dominante del uno del grupo, a favor de la producción singular del uno de cada uno, propicia que cada participante del cartel tenga su propio rasgo de trabajo. Es la condición para tener un trabajo que produzca un saber. Ello no excluye que cualquier otro miembro del grupo pueda también incitar al trabajo. Si bien, se puede atribuir cierto efecto agalmático al más-uno, no es el lugar que debe sostener, pues también está al trabajo respecto a sus propias preguntas; al respecto, Miller nos dice, lo cito: “El más-uno debe venir con puntos de interrogación y, como me lo decía un sujeto histérico, que se jactaba de ello como de su función eminente en este mundo, hacer agujeros en las cabezas. Esto implica que rechace: ser un maestro que pone a trabajar, ser uno que sabe, ser analista en el cartel.

En la dinámica de un grupo el problema es que en el lugar del agente se ubica el discurso del amo, y así no puede nunca poner a trabajar más que el saber que ya está ahí. Si se parte en el cartel, de un saber constituido que se trataría de adquirir con el más-uno, ocurren entonces las famosas ‘crisis de cartel». No se obtiene un resultado de saber más que con la condición de poner en posición de más uno a $. Una de las crisis del cartel se puede detectar por ejemplo, cuando un cartel se termina con un resultado de algo que no se puede transmitir, testimoniar de lo que hemos hecho»- eso me parece el signo de que ha habido un amo al principio, del que no se han desembarazado.

Por lo anterior, Miller propone el matema de la elaboración provocada para la producción en un cartel, de acuerdo a los lugares del discurso propuesto por Lacan

                                                                       ELABORACIÓN PROVOCADA

Agente Otro (trabajo) Provocación (llamada al trabajo) Elaboración
_ ____ __ _
Verdad Producción Evocación Producción

Finalmente, no se pretende pensar y situar el cartel como un ideal, pues también incluye impases, malentendidos, fantasías, rivalidades imaginarias, es decir, goce; se trata de estar advertidos y porque no, de inventar maneras de hacer no de una sola vez y para todos los casos, sino en cada contingencia. En esta vía el cartel tiene una dimensión política, pues en el psicoanálisis y en particular en la Escuela de Lacan se apuesta a no tomar partido por los ideales de la época que provee el discurso del amo, tampoco por la identificación masificadora, pero si a favor del sujeto, de su goce singular.

*Asociada Nel-Cali

Referencias bibliográficas

[1] Lacan, J. (1964). Acto de fundación. Otros escritos. Buenos Aires: Paidós.
[2] Freud, S. (1975) Más allá del principio del placer, Psicología de las masas y análisis del yo.
[3] Ídem
[4] Ídem
[5] Lacan, J. (1962). Seminario La identificación. Inédito
[6] Lacan, J. (1980). El señor A. Recuperado de: https://www.wapol.org/es/articulos/Template.asp
[7] Tarrab, M. En el cartel se puede obtener un camello. Recuperado de: https://www.wapol.org/es/articulos/Template.asp
[8] Udenio, B. (2003). Te deseo aunque no lo sepa, buena fórmula para el cartel. Recuperado de: http://www.revistavirtualia.com/articulos/692/dossier-carteles/te-deseo-aunque-no-lo-sepa-una-buena-formula-para-el-cartel
[9] Miller, J. (1986).Cinco variaciones sobre el tema de «la elaboración provocada» Recuperado de: https://www.wapol.org/es/articulos/Template.asp